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Si el francotirador israelí pudiese ver la devastación que ha causado, no dispararía otra vez

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“No nos rendiremos”; “Quizá después de disparar 15.000 balas y matar a todo el pueblo, esta tierra será suya”

El padre y el hijo de Muhammad Khabisa visitan el lugar donde fue asesinado el viernes pasado. Foto: Alex Lavac

 

Asesinado por un francotirador de las FOI durante la manifestación semanal contra el puesto de avanzada de Evyatar, Muhammad Khabisa, padre de una niña de ocho meses, se convirtió en la sexta víctima de su pueblo, Beita, desde mayo

Gideon Levy

Alex Levac

 

 01/10/2021     

 Ghazal es una bebé grande que nació hace ocho meses y porta pendientes diminutos. El pasado lunes, su familia la sentó bajo un olivo de la arboleda que poseen, en el centro de un pequeño círculo de piedras en el que aún son visibles manchas de sangre. Ghazal sonrió naturalmente, inconsciente de dónde la habían sentado su abuelo y su tío. Las manchas de sangre pertenecen a su padre: brotaron de su cabeza cuando un francotirador de las fuerzas de la ocupación israelí (FOI) le disparó y lo mató desde la distancia, tres días antes de nuestra llegada.

 Las manchas de sangre están esparcidas a lo largo de decenas de metros en las rocas del muy cuidado olivar, el que era la ruta de evacuación de la víctima. El padre de Ghazal se sentó aquí la semana pasada, bajo sus árboles y, desde lo alto de la colina que se sitúa enfrente, un francotirador apuntó con su rifle y disparó un tiro certero que se clavó en su cabeza y le destrozó el cráneo. Las fotografías de la cabeza destrozada y los sesos esparcidos son impactantes. Si tan solo el francotirador pudiese verlas. No volvería a disparar. Si también pudiese ver al abuelo de la bebé, el desconsolado padre de Muhammad Khabisa, y a su desconsolado hermano, el tío de ella, sentando a la niña ahora, huérfana de padre, en el lugar donde este cayó apenas tres días antes. El padre del difunto Ali, y su hermano, Ibrahim, rompen a llorar desconsoladamente. A ellos se unen los amigos del fallecido, que también se reúnen alrededor del olivo. Un cartel con la fotografía de Muhammad adorna el árbol. Alguien graba un vídeo del suceso, para mostrárselo a Ghazal cuando sea mayor.

 Ghazal era la única hija de Muhammad Khabisa, un pintor de casas, de veintiocho años, del pueblo de Beita. El francotirador de las FOI, que le disparó el viernes pasado, lo hizo con munición real y con la intención de matar. Esa es la forma que las FOI tienen, en ocasiones, de acabar con las manifestaciones de la aldea contra el puesto de avanzada de colonos de Evyatar, que se construyó ilegalmente en las tierras de Beita en mayo. Posteriormente, los colonos fueron retirados pero las estructuras permanecen intactas y los terrenos no han sido devueltos a sus terratenientes. El monte Sabih, el monte de olivos de Beita, con arboledas cultivadas en sus laderas, está coronado por el tumor que es Evyatar. En las manifestaciones que se han producido aquí desde mayo han muerto ocho personas, siete de ellas procedentes de Beita. La sangre mancha las manos de los colonos, del ministro de defensa y de las FOI. 

 Es imposible no recordar las alegres actuaciones de la mandamás de los colonos, Daniella Weiss, tras el establecimiento de esta protuberancia sin ley, con su rostro disfrazado con una sonrisa de lo más perversa. El ministro de defensa, que ordenó la evacuación, las FOI, que vigilan el lugar día y noche, y Weiss y los colonos, que saben que Evyatar ha estado para quedarse, y que su evacuación fue solo un guiño pasajero. Pero en Beita afirman: “No nos rendiremos”; “Quizá después de disparar 15.000 balas y matar a todo el pueblo, esta tierra será suya”, dice hoy el tío del fallecido, Musa Khabisa. La niña, que todavía no puede hablar, está sentada sobre la tierra saturada con la sangre de su padre, rodeada por el llanto de los dolientes, y las descaradas y provocadoras estructuras de Evyatar sobre la montaña. La sangre hierve.

  El centro comunitario de Beita está situado en el corazón del pueblo. Sus paredes están cubiertas con fotografías de todos los fallecidos los pasados meses, los meses de matanza desde el establecimiento de Evyatar. Desde el jurista, el Dr. Issa Daoud, que fue el primero en caer en esta campaña de protesta, asesinado por las tropas de la FOI el pasado 14 de mayo, y cuyo afligido hermano está sentado ahora con nosotros en el centro comunitario, hasta el pintor de casas, Muhammad Khabisa, la última víctima asesinada el 24 de septiembre y cuya familia se encuentra de luto en estos momentos. Siete víctimas de este pueblo, y otra más del pueblo vecino, Yatma. Siete de los ocho fueron asesinados en manifestaciones, y uno de ellos, el fontanero del pueblo, Shadi Shurafi, que estaba abriendo una tubería a las afueras el pueblo, fue asesinado por los soldados la noche del 27 de julio.

 Muhammad Khabisa se casó hace aproximadamente 18 meses con su prima Malik, de 21 años, que estudia en la Universidad Abierta de Al-Quds para ser profesora de educación especial. Ghazal es su primera hija. Ali Khabisa, de 58 años y padre de la víctima, es un obrero que ha trabajado en Israel la mayor parte de su vida. Su hijo, Muhammad, también trabajaba en Israel durante los periodos de tiempo en los que lograba conseguir un permiso de trabajo. El pasado jueves, Malik, Muhammad y Ghazal realizaron una visita a los abuelos en su domicilio, que se encuentra a unos 500 metros de su casa. Aquella fue la última vez que estuvieron todos juntos. En estos momentos, el exterior de la casa de la joven pareja está decorado con un gran cartel de luto que muestra a Muhammad abrazando a su hija. De pronto, Ghazal entra en la sala del centro comunitario donde se guarda el luto, y su abuelo no puede contener las lágrimas. Abdulkarim Sadi, el investigador local de la organización israelí de los derechos humanos B’Tselem, es incapaz de mantener sus ojos secos.

Un silencio opresivo se apodera de la habitación. Musa, el tío de Muhammad de 49 años, habla: “Es importante para nosotros que los padres del soldado que enviaron a su hijo a Cisjordania para asesinar a personas que tienen bebés en casa entiendan lo que está pasando aquí”. Ali, el afligido padre dice que quiere reclutar al abogado israelí Avigdor Feldman para llevar a juicio a los ocupantes, que se comportan así, matan a personas inocentes y, también, para lograr la remoición del Evyatar.

 Los viernes, los pueblerinos rezan y, a continuación, sobre las 11.30 de la mañana, ponen rumbo al monte Sabih, situado a unos dos kilómetros. Las FOI bloquean las carreteras para evitar el paso a los vehículos, por lo que los aldeanos caminan. Eso fue lo que hicieron el viernes pasado, pero esa vez Ali no los acompañó. 

 Alrededor de las tres y media de la tarde, Ali recibió una llamada de los manifestantes: su hijo había sido herido. “Pregunté dónde estaba mi hijo, y me dijeron que se lo habían llevado al hospital An-Najah en Nablus”, recuerda Ali. “Lo que sabemos es que Muhammad estaba sentado bajo el olivar y un francotirador le disparó desde una distancia de 150 metros”. Él y los vecinos se apresuraron al hospital, pero el médico le comunicó que su hijo se encontraba muerto desde el instante en el que la bala le atravesó la cabeza.

 Musa, el tío del asesinado, dice que los residentes de este lugar quieren que el mundo sepa que tienen derecho a proteger y defender sus terrenos. Según los manifestantes, después de que Muhammad fuera asesinado, los soldados dispararon gas lacrimógeno y granadas aturdidoras a aquellos que trataban de trasladar el cuerpo a una ambulancia que aguardaba en los alrededores. Es incluso posible que los soldados tratasen de confiscar el cuerpo.

 El portavoz de la FOI emitió la siguiente declaración a Haaretz tras el incidente: “En la región del puesto de avanzada de Givat Evyatar, que se encuentra en la zona de la Brigada Territorial Shomron, se produjeron violentos disturbios con la participación de cientos de palestinos que quemaron neumáticos y lanzaron piedras contra los soldados de las FOI. Se sabe que un palestino resultó muerto. Se está investigando el proceso”.

  “Se conoce una reclamación”. Lo que se sabe de sobra es la cuestión de por qué las FOI emplean fuego real contra manifestantes desarmados que se encuentran a cientos de metros de distancia, por debajo de los soldados y que no suponen ninguna amenaza para ellos. Un vídeo del pasado viernes muestra a un grupo de manifestantes ancianos del pueblo que permanecen tranquilamente frente a las tropas de las FOI hasta que, de repente, uno de los soldados dispara gas lacrimógeno y granadas de aturdimiento contra el grupo para echarlo de su terreno. El director del ramal de la Sociedad Palestina de Socorro Médico de Nablus, el Dr. Ghassan Hamdan, resultó herido en ese asalto.

 Los aldeanos también poseen y muestran una fotografía de un comandante de las FOI, armado y blindado de pies a cabeza. Dicen que es el comandante de la región y es él quien da luz verde a los francotiradores sobre a quién disparar. Están convencidos de que los soldados escogen a un objetivo al azar para acabar con la manifestación. Khabisa y sus amigos se escondieron detrás de un muro de piedra en el olivar, lejos de los soldados que se encontraban a lo alto de la colina por encima de los manifestantes. Es difícil de entender por qué le escogieron para ser la víctima. No se puede alegar que los manifestantes pusieran en peligro la vida de los soldados en esta situación. El suegro del fallecido, Mohammed Bani Shamasi, comenta: “En lugar de estar planificando sus vidas, estos jóvenes se encuentran siendo empujados por la ocupación a un lugar muy oscuro. Dos o tres colonos establecieron un asentamiento en nuestra tierra, y ahora todo el ejército israelí los protege. ¿Cuál es la diferencia entre ellos y las bandas criminales o las organizaciones mafiosas? ¿Cuánto tiempo vivirán los palestinos sin ningún tipo de justicia? ¿Cuánto tiempo continuarán estos asesinatos? Debe terminar ya”.

A lo que el padre de la víctima, Ali, añade: “Cuando un israelí es asesinado, se hace hasta lo imposible para atrapar al asesino, y matarlo o castigarlo. Pero cuando nuestros hijos son asesinados, a Israel no le importa. Necesitamos una fuerza que nos proteja. Hay una gran diferencia entre los israelíes para los que hemos trabajado todos estos años, y el gobierno y los colonos de los asentamientos que se han establecido aquí.

Más tarde, en la montaña, en el lugar donde cayó su primogénito Muhammad, su padre recoge una hoja del olivo bajo el que estaba sentado su hijo y se la guarda en el bolsillo como recuerdo.

Publicado por Haaretzhttps://www.haaretz.com/israel-news/twilight-zone/.premium.MAGAZINE-if-the-idf-sniper-could-see-the-devastation-he-caused-he-wouldn-t-shoot-again-1.10256993

Traducido para la Misión Diplomática de Palestina en España, por Sara Reguera Mateo

 

 

 

 

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