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Salvando Lifta

Salvando Lifta: los palestinos se manifiestan contra la última amenaza de despoblación a este pueblo de Jerusalén

Los habitantes del pueblo fueron desplazados por la fuerza durante la Nakba. Hoy en día, continúa la lucha para proteger de la demolición israelí lo que queda de Lifta.

 

Una vivienda abandonada en Lifta que aún se mantiene en pie. Sin embargo, a los palestinos se les impide volver. (Imagen prestada)

Aseel Jundi

Fecha de publicación: 13 de junio de 2021, 13:23 CEST

Última actualización: hace 20 horas y 29 minutos

Pequeños grupos de casas salpican la ladera de una colina cerca de Jerusalén, sus ladrillos arenosos sobresalen en medio de una crecida vegetación. Aunque sus antiguos propietarios y sus descendientes siguen viviendo cerca, los edificios llevan décadas deshabitados y ahora corren el riesgo de desaparecer por completo.

El pueblo de Lifta, al noroeste de Jerusalén, ha sido víctima de las políticas de expansión desde la Nakba (catástrofe) que coincidió con la creación del Estado de Israel en 1948.

Aunque Israel declaró la zona como reserva natural en 2017, la Administración de Tierras de Israel (ILA, por sus siglas en inglés) anunció el 9 de mayo su intención de sacarla a concurso en julio para que las empresas privadas presenten ofertas para la construcción de un nuevo asentamiento en las tierras de Lifta. El proyecto se anuncia como una planificación de 250 viviendas, hoteles y centros comerciales, todo ellos con unas preciosas vistas a la ladera de la colina, a solo 10 kilómetros de Jerusalén.

Sin embargo, el ingenioso y moderno proyecto implicaría la demolición de las viviendas y lugares emblemáticos de Lifta, con lo que pretenden borrar de manera efectiva todo rastro de identidad e historia palestina en un lugar que el Fondo Mundial de Monumentos catalogó en 2018 como patrimonio en peligro.

Zakaria Odeh, coordinador de la Coalición Civil por los Derechos de los Palestinos en Jerusalén, declaró a Middle East Eye que la comunidad internacional debe intervenir y presionar al gobierno israelí para que acabe con las políticas dirigidas a la eliminación de cualquier tipo de vestigio de los palestinos que han sido expulsados de sus hogares por la fuerza desde 1948. “Pedimos a la UNESCO que intervenga y ponga fin a la aniquilación del patrimonio y de la historia del pueblo”, manifestó.

El último proyecto israelí vuelve a poner de manifiesto la larga historia de Lifta y la lucha de sus antiguos habitantes, ahora refugiados o desplazados nacionales, por preservar su memoria a toda costa.

Décadas de intento de eliminación

Lifta fue una de las primeras 38 localidades del distrito de Jerusalén que despoblaron por la fuerza en 1948 y se remonta a la época cananea, cuando se conocía con el nombre de Neftoa. El pueblo se extiende sobre una superficie de 8 743 dunams (unas 874 hectáreas), parte del cual fue ocupado en 1948 y el resto incautado por Israel durante la guerra de 1967.

Antes de la Nakba, unas 3 000 personas vivían en 600 casas en Lifta. Según los residentes desplazados de Lifta, hoy en día solo quedan 73 casas en pie, 56 de ellas casi intactas y 17 en ruinas.

Entre los monumentos que siguen en pie se encuentran una mezquita centenaria, el cementerio del pueblo, un manantial de agua y un colegio de educación primaria construido en 1929, que hoy acoge a estudiantes judío-israelíes. A lo largo de los años, en las antiguas tierras de cultivo de Lifta se han construido varias viviendas y edificios gubernamentales israelíes, entre ellos la Knesset (el parlamento de Israel) y parte del campus de la Universidad Hebrea.

 

Zakaria Odeh declara que la comunidad internacional debe intervenir para salvar Lifta. (MEE/ Imagen prestada)

Zakaria Odeh contó a MEE que el último proyecto de la ILA no era nada nuevo, señalando que el gobierno israelí había aprobado en 2006 un plan conocido como Plan Nº. 6036 para establecer un asentamiento denominado Mei Neftoah en las tierras de Lifta. Al parecer, los planes iniciales del proyecto se elaboraron entre mediados y finales de la década de los noventa, cuando el difunto Ariel Sharon era ministro de infraestructuras.

En 2009, la ILA sacó a concurso las tierras de Lifta en un proyecto que preveía la demolición de todos los edificios del pueblo, excepto 50.

No obstante, antiguos residentes y descendientes de Lifta presentaron un recurso ante los tribunales en 2011 expresando su rechazo a ese plan.

A principios de 2012, el Tribunal de Asuntos Administrativos de Israel emitió una sentencia que anulaba el concurso previsto para las tierras de Lifta. Ahora, la ILA vuelve a intentar un plan similar.

Yaqoub Odeh, conservador de recuerdos, nació en Lifta en 1940 y ahora es el director de la Comisión de Protección del Patrimonio Cultural de Lifta, y es una de las personas que mejor conoce la historia del pueblo.

En su casa del barrio jerosolimitano de Shufat, Yaqoub Odeh contó a MEE los recuerdos de su infancia en el entonces bullicioso pueblo.

“Cuando me fui de Lifta estaba en segundo de primaria”, cuenta. “Todavía recuerdo cómo saltaba de una roca a otra de camino a casa desde el colegio. También recuerdo que solía jugar con otros niños cerca del principal manantial de agua del pueblo”.

Más de 70 años después, Yaqoub aún recuerda vívidamente las circunstancias de su marcha forzosa de Lifta. Las milicias sionistas de la época se habían colocado en las entradas principales que conectaban Lifta con los pueblos vecinos y con Jerusalén, por lo que los palestinos trataron de trasladar a las mujeres y niños fuera del pueblo, a las cuevas cercanas, y luego a la relativa seguridad de los pueblos vecinos.

Aquel día concreto de principios de marzo de 1948, Yaqoub cuenta que su padre cogió a hombros a su hermana pequeña, a su hermano de la mano, y pidió a Yaqoub y a su otra hermana que caminaran detrás de él hasta llegar a la carretera que conectaba Jerusalén con Jaffa, donde los combatientes de la milicia sionista dispararon una bala que rozó la túnica tradicional de su padre, antes de plantarse entre sus pies.

“Un vehículo con niños de cuatro familias nos estaba esperando”, relataba Yaqoub. “Subimos al vehículo y nos convertimos en los niños de la quinta familia. En cuestión de una hora pasamos de ser los dueños de nuestro propio pueblo a buscar refugio, cobijo y ayuda en casa de otras personas. Salimos de nuestra casa con lo puesto, pensando que volveríamos al día siguiente. Han pasado 73 años desde aquel día”.

“En cuestión de una hora pasamos de ser los dueños de nuestro propio pueblo a buscar refugio”. —Yaqoub Odeh, superviviente de la Nakba

Yaqoub es uno de los antiguos residentes de Lifta que ha tenido la suerte de poder regresar al pueblo gracias a su documento de identidad de Jerusalén Oriental. Algunos habitantes del pueblo y sus familiares viven en las afueras de Lifta, en barrios como Wadi Joz y French Hill, y otros residen en la Cisjordania ocupada (con acceso restringido a Jerusalén) o han emigrado al extranjero.

“Estoy deseando visitarla más a menudo con las mujeres, niños, hombres y ancianos del pueblo, para tratar de preservar nuestra memoria y nuestros derechos allí”, añadió. “Nada se compara con los días en los que visitamos nuestro pueblo, excepto el día en el que volvamos de verdad”.

Cuando se le preguntó por el último plan para construir sobre lo que queda de Lifta, Yaqoub respondió: “La memoria y la historia son la vida misma, y no permitiré que nadie en este mundo me quite mis recuerdos, ni mi herencia ni la de mis antepasados.

“Las tumbas de nuestros antepasados en el pueblo son prueba y testimonio de nuestra presencia histórica palestina. Cuidamos nuestro cementerio y lo limpiamos cada vez que visitamos el pueblo”, añadió.

Fawzia Obaidi, que nació en Lifta hace 79 años, rompe a llorar en cuanto se menciona el pueblo.

“Lifta es mi alma gemela porque es mi lugar de nacimiento y la madre que no me abrazó”, cuenta a MEE desde su casa en el barrio de Ras al-Amoud, en Jerusalén Oriental. “No pierdo la ocasión de visitar Lifta y traerme algunas plantas silvestres para plantarlas en las macetas que tengo en la terraza, aunque nunca huelen tan bien como las originales”.

Su hijo mayor, Ibrahim, va a Lifta durante la temporada de cosecha para traerle a su madre higos chumbos, ciruelas y almendras, con la esperanza de que el sabor de estas frutas pueda aliviar su nostalgia.

A pesar de los últimos planes israelíes para Lifta, Obaidi se mantiene firme en su compromiso con el pueblo.

“Rechazamos firmemente la demolición de nuestras casas y de nuestro patrimonio en aras de la construcción de unidades de asentamientos coloniales”, declara. “Ellos, quiero decir, los israelíes, tratan el pueblo como si fuera una propiedad ausente, pero nosotros somos resilientes y estamos deseando volver. La nostalgia por volver nunca me abandona”.

 

Este artículo también está disponible en la versión en francés de Middle East Eye.

Publicado por Middle East Eye

Traducido para la Misión Diplomática de Palestina en España, por Laura Hernández García.

 

 

 

 

 

 

 

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