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Notas de esperan-to: Córdoba, Madrid y Sevilla acogen a la Orquesta West- Eastern Divan

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Córdoba, Madrid y Sevilla acogen a la Orquesta West- Eastern Divan

La música representa mucho más que un sonido, expresa aquello que no se puede decir con palabras y a menudo cala aún más hondo que éstas. En este caso, para el músico argentino Daniel Barenboim y el fallecido crítico cultural palestino Edward Said se trataba de una forma de armonía y diálogo. Ambos, pertenecen a dos pueblos enfrentados desde hace décadas, el judío y el palestino. Sin embargo, su amistad y su proyecto conjunto en la Orquesta West-Eastern Divan, en la que participan jóvenes israelíes y árabes, suponen una manifestación de la concordia y una vía hacia la esperanza a través de un esperanto musical. Dicha formación, coordinada por la Fundación Barenboim-Said, actúa el próximo 16 de enero en el Gran Teatro de Córdoba , el día 17 en el Auditorio Nacional de Madrid y al día siguiente en el Teatro de la Maestranza de Sevilla

Tanto Barenboim como Said personifican dos figuras claves para nuestra cultura. Gracias a sus múltiples experiencias vitales en distintos lugares del mundo, ofrecieron una visión diferente y abierta de éste que les llevó a ser galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en el año 2002.

Daniel Barenboim nació en Argentina y es hijo de inmigrantes rusos judíos que desde muy pequeño le instruyeron en nociones de piano. Es director de la Ópera Estatal de Berlín y representa un ejemplo de interculturalidad, domina siete idiomas y cuenta con cuatro nacionalidades diferentes: la argentina, la española, la israelí y la palestina. Además, se erigió como el primer israelí en dar un concierto gratis en la Universidad de Bir Zeit, en Cisjordania. La vida de Edward Said, por su parte, comenzó en Jerusalén, aunque pasó parte de su juventud en El Cairo y en Líbano. Después ejerció como profesor de literatura inglesa en Estados Unidos, una ocupación en la que se mantuvo activo hasta que falleció en el año 2003. Asimismo, fue un importante crítico y pensador a nivel internacional en literatura y música, entre otras disciplinas, entre ellas el conflicto palestino-israelí.

Edward Said y Daniel Barenboim fueron la prueba fehaciente de que judíos y palestinos podían llegar a un punto de entendimiento. Como consecuencia de la amistad de ambos, en 1999 decidieron poner en marcha un taller en la ciudad alemana de Weimar. Allí reunieron a músicos árabes e israelíes, así como a un grupo más reducido de alemanes, para que tocaran juntos en una orquesta. A pesar de que, tal como explica Edward Said en el libro “Paralelismos y paradojas. Reflexiones sobre música y sociedad”, ya se habían llevado a cabo campamentos de música similares, la innovación de este taller fue el nivel de los participantes, ya que se contaba con artistas como el propio Barenboim o el violonchelista Yo-Yo Ma. Al final, se consiguió reunir a jóvenes de diversas nacionalidades, como Jordania, Palestina, Israel, Egipto, Líbano o Siria. 

Puede que el objetivo primordial de este encuentro, en palabras de Edward Said, no fuera salvar el proceso de paz, aunque sí lo era fomentar la comprensión entre culturas y pueblos. Por ello, además de ensayar a diario y de recibir clases magistrales, los componentes de la orquesta, que nunca antes se habían visto, al caer la noche mantenían debates en los que se discutía sobre música, cultura y política. Se trataba de un punto de entendimiento, en el que cualquiera se pudiera expresar libremente. Nunca se produjo un enfrentamiento político directo, aunque, en un primer momento, el ambiente era muy cauteloso entre los estudiantes. El principal problema, según explica Daniel Barenboim en el libro mencionado, era la ignorancia que había respecto a “el otro”. Los jóvenes israelíes no imaginaban que en ciudades como Damasco, Amán y El Cairo hubiese personas que pudieran tocar instrumentos como el violín o la viola. Por su parte, los artistas árabes sí tenían conciencia de la existencia de música en Israel, aunque no conocían prácticamente nada de ella.

Para muchos de estos jóvenes músicos, “el otro” representaba un ejemplo negativo. Por ello, uno de los grandes logros de esta orquesta fue que todos se pudieran aunar en una misma dinámica. A partir de ese momento, ya habían compartido una experiencia común y no se podían mirar de la misma forma. Según la Fundación Baremboin-Said, “la música nos hace a todos iguales frente a ella, independientemente de nuestro origen o de nuestras ideas. Es democrática, y cuando dos personas tocan juntas están obligadas a escucharse mutuamente, algo que no siempre ocurre con las palabras”. Para este taller musical, el arte representaba un viaje hacia “el otro”. Así, todos se embarcaron en esa travesía y armonizaron su talento para tocar la “Séptima” de Beethoven. Este concierto supuso un punto de partida ideal para mostrar al mundo que por encima de cualquier nacionalidad, o incluso rencilla interna, todos eran músicos y podían coordinarse a la perfección para crear la belleza propia de esta disciplina.

En la Orquesta West- Eastern- Divan, que tiene como punto de partida este taller ya comentado, no hay ninguna nota que suene más alta que otra. Este primer encuentro en Weimar continuó de forma periódica y también se llevó a cabo en la ciudad de Chicago (Estados Unidos). En 2002, su sede se constituyó en Sevilla (España). En 2004, se creó la Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said, fundada por la Junta de Andalucía, con el objetivo de “promover el espíritu de paz, diálogo y reconciliación, fundamentalmente a través de la música” tal como explica la propia institución. Además, añaden que “la Fundación gestiona desde entonces varios proyectos que, articulados en torno a la música, demuestran que es posible avanzar hacia una sociedad más justa, abierta y tolerante hacia los demás y que la educación musical es, a todos los niveles, una potente herramienta para lograr este objetivo”. 

Para esta institución la música representa “el vehículo para la transformación de la sociedad y el avance hacia una mayor cooperación entre culturas y pueblos”. Un entendimiento que es posible y que pretende representar un papel importante a la hora de iniciar un aperturismo hacia la superación de las dicotomías políticas y culturales existentes en los países que se encuentran encarnados en la orquesta. Goethe simboliza uno de los ejes de esta formación, por ello, toma su nombre, West- Eastern Divan, de una colección de poemas de este romántico alemán. La razón reside en que este poeta es considerado como uno de los primeros alemanes interesado realmente por otros países, siendo un ejemplo de interculturalidad.

Esta fusión cultural a través de la música ha sido ensalzada en medio mundo. Sin embargo, ¿qué opinan sobre ella las partes enfrentadas en este conflicto? Según Marwan Alburini, encargado de la parte cultural en la Misión Diplomática de Palestina en España, se trata de “una iniciativa importante y constructiva. Uno de los problemas que tenemos es el desconocimiento mutuo de las dos sociedades, a las que sólo les separa un muro. Esta iniciativa acerca y hace que unos y otros se conozcan. Puede demostrar a los políticos que la convivencia es posible, si hay voluntad”. Por su parte, el Director de Relaciones Institucionales y Comunicación del Centro Sefarad-Israel, Fernando Martínez-Vara de Rey, en la misma línea que Alburini, destaca que la labor de la Orquesta West- Eastern Divan “es ejemplar, desde luego. Busca el entendimiento entre músicos y músicas, y una parcela del mundo donde hay conflicto. Están rescatando lo mejor, lo que contribuye a un fin de concordia. Desde luego nosotros lo alabamos”.

La Orquesta West- Eastern Divan no pretende cambiar el mundo, como bien dijo uno de sus fundadores, Daniel Barenboim, cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias. Sin embargo, si todos dieran pasos como este, dentro de sus posibilidades, se podría contribuir a mejorar la sociedad actual, en la que aún se aprecian y se destacan las diferencias como matices negativos que, en muchos casos, hay que erradicar. Tal como ocurre en la música, los matices son enriquecedores. Todas las notas son distintas, pero si se armonizan y se comprenden entre sí, el resultado puede ser maravilloso.

Aún hoy día, la Orquesta West- Eastern Divan se mantiene activa, ofreciendo su música en diversos países. Las próximas citas serán el 16 de enero en el Gran Teatro de Córdoba , el 17 de enero en el Auditorio Nacional de Madrid y el 18 de enero en el Teatro de la Maestranza deSevilla . Sin embargo, en esta formación no solo se comparte música, sino una experiencia común que ayuda al diálogo y a la comprensión de aquellos que se aprecian como lejanos. La música es el idioma más hablado del mundo. Gracias a ella, se pueden eliminar barreras tanto físicas como morales, alzándose como una gran vía de respeto y conocimiento hacia ese “otro” que creemos diferente. Para ello, solo es necesario escuchar la música del mundo, así como la que reside en los corazones de cada habitante del planeta, sea de la nacionalidad que sea.

Por Aurora Salvo Amores

Fuente: http://www.guiadelocio.com/a-fondo/notas-de-esperan-to

ENTRADAS EN http://www.auditorionacional.mcu.es/programacion/programacion_de_salas_s...