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las afirmaciones de las mujeres resilientes del barrio

Sheikh Jarrah: “no nos marcharemos”, las afirmaciones de las mujeres resilientes del barrio.

Las mujeres palestinas están desempeñando un papel fundamental en la lucha para conservar sus viviendas contra la amenaza de la ocupación israelí

 

De izquierda a derecha: Muna al-Kurd, SalwaSkafi, NuhaAttieh (MEE)

Aseel Jundi

Fecha de publicación: 11 de mayo de 2021, 12:13 CEST

Última actualización: hace 1 mes y 3 días

Desde bastidores hasta la primera línea de batalla, las mujeres de SheikhJarrahestán liderando sus propios combates para salvar su barrio de los planes de Israel de apropiarse de la tierra en la que se criaron ellas y generaciones de sus familias.

“Me encargaré de encadenarme en mi habitación si asaltan nuestra casa para expulsarnos por la fuerza”, asegura Muna al-Kurd, de 23 años, cuya familia ha estado viviendo bajo la amenaza de ser desplazada de su casa en Karm al-Jaouni, en SheikhJarrah, en la Jerusalén Ocupada. “No pienso irme de mi casa de SheikhJarrah”.

 

Muna y su padre junto a una pared con un grafiti que dice “No nos marcharemos” en árabe. (MEE/ Aseel al-Jundi)

 

Mientras que los colonos y las fuerzas israelíes atacan a los palestinos por defender su derecho a permanecer en sus viviendas, es difícil ver en casa a Muna, la única periodista del barrio.

En su lugar, se ha puesto a disposición de los medios de comunicación para documentar las infracciones diarias de los colonos israelíes y de las fuerzas de ocupación.

Middle East Eye se reunió con Muna cerca de la casa de su familia, donde compartió su propia historia sobre cómo han estado pasando el tiempo las mujeres de SheikhJarrah durante la intensificación de la tensión, la opresión diaria hacia los habitantes y la creciente solidaridad de los activistas, mientras se enfrentan a órdenes de desalojo en favor de los colonos.

La experiencia de Muna con el acoso israelí comenzó en 2001. Tenía tres años cuando cerraron una parte de su casa y les confiscaron la llave, como paso previo a la instalación de los colonos.

“Me voy a dormir con la capa y el hiyab puestos, por miedo a una redada repentina, ya que nos enfrentamos a las bandas”. —NuhaAttieh, vecina de SheikhJarrah

“Algunas de las primeras historias que oí y de las que hablé hablaban de desalojos y expulsiones que amenazaban a algunos vecinos del barrio, hasta que la amenaza llamaba a nuestra puerta”, afirma Muna.“Crecí y maduré rodeada del derecho internacional, los crímenes de guerra, terminología relacionada con los crímenes de lesa humanidad y otras expresiones de ese estilo”.

Los colonos llevan viviendo en casa de la familia Kurd desde 2009.

Hoy en día, Muna sigue repitiendo esas mismas expresiones en las redes sociales y en los medios de comunicación, asumiendo la responsabilidad que le han otorgado como periodista los residentes de SheikhJarrah para conseguir apoyo internacional.

Muna lleva mucho tiempo defendiendo SheikhJarrah. Hace dos meses, lanzó una campaña en formato electrónico con el hashtag #SaveSheikhJarrah para destacar la difícil situación de los vecinos del barrio.

“Sin aliento”

Como explica Muna, según se desarrollan los acontecimientos en SheikhJarrah, las mujeres palestinas van desempeñando un papel más relevante y vital al asistir a las reuniones de vecinos y al participar en el proceso de toma de decisiones. Además, están tomando iniciativas individuales a favor de los activistas solidarios al asistir a las audiencias de los tribunales israelíes y al seguir de cerca la batalla legal.

“Recalco la resiliencia de las mujeres del barrio, que están lidiando tanto con el hecho de vivir con pánico por sus maridos e hijos como consecuencia de la brutal opresión israelí diaria como con una profunda ansiedad derivada del miedo a ser desalojadas de forma inminente de sus hogares”, asegura Muna.

“Llevo años teniendo la misma pesadilla recurrente, en la que siento que alguien intenta sacarme de mi casa por la fuerza y yo me resisto”. —Muna al-Kurd, vecina de SheikhJarrah

“Después de romper el ayuno del Ramadán, las mujeres acuden apresuradamente a distraer a los activistas solidarios ofreciéndoles té, café o melón fresco para mitigar el calor del día, y luego se apresuran a vigilar la zona una vez que los activistas se marchan”, cuenta Muna con una sonrisa que esconde años de coacción.

La valentía de Muna se puso de manifiesto cuando trató de liberar a su hermano de las manos de las fuerzas especiales israelíes, que lo golpearon brutalmente. Al final, detuvieron a su hermano hace unos días.

Cuando le preguntan por sus miedos, Muna dice que le resulta doloroso hablar de ello y que no es posible resumirlo en pocas palabras. “Nací y crecí en SheikhJarrah y no me imagino viviendo en ninguna otra parte”, explica.“A veces me quedo dormida y de repente me despierto sin aliento.Llevo años teniendo la misma pesadilla recurrente, en la que siento que alguien intenta sacarme de mi casa por la fuerza y yo me resisto”.

Muna reitera que no se sentiría segura en ningún otro lugar, independientemente del peligro diario que les rodea a ella y a su familia desde que los colonos ocuparon la mitad de su casa y a pesar de la amenaza inminente de ser expulsados de la parte restante por la fuerza.

“Antes de que muriera mi abuela, no tenía una habitación propia y solía dormir en el salón, al lado de la ventana, donde me imaginaba una mano sujetando un arma y me disparaba”, cuenta Muna.“Aun así, me niego rotundamente a la expulsión forzosa”.

Una historia de desplazamientos

En 1948, durante la Nakba o catástrofe palestina, la milicia judía expulsó de su casa por la fuerza a Nabil al-Kurd, el padre de Muna, que se vio obligado a trasladarse a Jerusalén. Su familia fue una de las 28 que Jordania, en colaboración con la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados, decidió reubicar en Jerusalén en 1956 a cambio de renunciar a sus derechos como refugiados.

“Me casé en esta casa y ojalá pudiera morir en ella. Cada pieza dentro de estas cuatro paredes y todo a su alrededor significa mucho para mí”. —SalwaSkafi, vecina de SheikhJarrah

Seleccionaron a estas familias y les proporcionaron viviendas construidas por el gobierno jordano durante tres años, tras los cuales la propiedad de los inmuebles pasaría automáticamente a ser suya.

No obstante, tras la ocupación de Jerusalén en 1967, con la parte oriental de la ciudad bajo control israelí, los habitantes del distrito de SheikhJarrah se llevaron una sorpresa cuando dos comités judíos se asignaronen 1972 la titularidad de 18 dunams (18 000 m2) de terrenos mediante la Autoridad de Tierras de Israel.

En consecuencia, se presentaron decenas de recursos judiciales en los tribunales israelíes, mientras las 28 familias palestinas iniciales se ampliaban y el número de residentes que se enfrentaban al desalojo en favor de los colonos ascendía a 500, entre ellos 111 menores.

En 2001, mientras su propia familia crecía, Nabil finalizó la ampliación de su casa. Sin embargo, cuatro días antes de que la familia pudiera mudarse, las autoridades de ocupación israelíes confiscaron las llaves de la zona ampliada.

En 2009, los colonos israelíes se trasladaron y ocuparon la casa, para después convertir la vida de la familia Kurd en un infierno a través un acoso incesante.

Ahora, a sus setenta años, Nabil y otras tres familias de SheikhJarrah esperan a que el Tribunal Supremo de Israel emita un veredicto en relación con el juicio de desahucio contra ellos. La semana pasada, el tribunal aplazó su decisión al aumentar las tensiones.

SalwaSkafi

En la carretera que va hacia el norte desde la casa de la familia Kurd hacia la casa de la familia Skafi, se pueden ver puestos de colonos junto a la casa de UmmKamel al-Kurd, de la que se apoderaron los colonos por la fuerza en 2008.

En la puerta de hierro de la casa de los Skafi, da la bienvenida una placa grabada con la frase “nunca abandonaremos nuestra tierra” en inglés. SalwaSkafi, de 62 años, la mujer de la casa, vive allí desde 1976.

“Aquí di a luz a todos mis hijos e hijas, y mis nietos también nacieron aquí”, cuenta Salwa a MEE.“Cada vez que se me ocurre que pueden expulsarme de esta casa, siento un nudo en la garganta. Ya no disfrutamos de un sueño tranquilo y vivimos bajo una inmensa opresión, especialmente en los momentos de las deliberaciones judiciales israelíes, a las que últimamente me apetece asistir”.

 

“Aquí di a luz a todos mis hijos e hijas, y mis nietos también nacieron aquí”, cuenta SalwaSkafi. (MEE/Aseel al-Jundi)

Salwa habla de la magnitud de su preocupación por sus hijos y por su marido enfermo ante un posible desalojo. Entonces, recuerda al marido de UmmKamel, que sufrió un derrame cerebral y murió un mes después de que los desalojaran por la fuerza. “Me casé en esta casa y ojalá pudiera morir en ella. Cada pieza dentro de estas cuatro paredes y todo a su alrededor significa mucho para mí”, cuenta.“A veces pienso en arrancar los árboles del patio de mi casa, para que los colonos no disfruten de sus frutos. En un par de meses el caqui madurará y todos los días me pregunto quién se comerá los frutos este año, si nosotros o los colonos”.

Salwa describe un estado de frustración generalizado entre las mujeres del barrio, que se enfrentan a un destino duro y a un futuro incierto si los desalojos se llevan a cabo.

NuhaAttieh

NuhaAttieh es una enfermera de 59 años que vive en Karm al-Jaouni, en SheikhJarrah, desde que se casó en 1988, y dice que nunca se ha sentido segura desde que desalojaron a la primera familia del barrio.

Este Ramadán, las responsabilidades de las mujeres han dado un giro de 180 grados. Nuha ya no se dedica a preparar la comida para romper el ayuno con su familia por la noche. En su lugar, se siente más responsable hacia los activistas y se apresura a prestarles ayuda cuando es necesario. Además, se ocupa de ellos ofreciéndoles té, café y galletas para que se sientan como en casa.

 

Nuha  Attieh sujeta el cuenco de galletas que ha preparado para los activistas. /MEE/Aseel al-Jundi)

El trauma de haber presenciado la incursión de las fuerzas israelíes en la casa de sus vecinos en plena noche hace 13 años no ha hecho más que intensificar el propio sentimiento de inseguridad de Nuha.

“Fui testigo de cómo destrozaban las puertas de nuestros vecinos, la familia Al-Gawi, durante una noche oscura, cómo echaban a las mujeres en ropa de dormir y cómo las echaban de su casapor la fuerza”, cuenta Nuha a MEE.“Siempre tengo esa escena en la cabeza. Recuerdo que cogí ropa de mi casa y se la di a las mujeres. Hoy en día, por la tensión que vive el barrio, me voy a dormir con la capa y el hiyab puestos, por miedo a una redada repentina, ya que nos enfrentamos a las bandas".

Este artículo también está disponible en la versión en francés de Middle East Eye.

Publicado por Middle East Eye.

Traducido para la Misión Diplomática de Palestina en España, por Laura Hernández García.

 

 

 

 

 

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