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Imaginando Palestina: Barghouti, Darwish, Kanafani y el lenguaje del exilio

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El poeta palestino Mourid Barghouti ha fallecido a principios de este mes en Ammán a la edad de 76 años. Era un intelectual cuya obra ha estado intrínsecamente ligada al exilio.

25 de febrero de 2021, Ramzy Baroud

Para los palestinos, el exilio no se trata simplemente del acto físico de ser expulsado de tu hogar y la incapacidad de regresar. No se trata de una cuestión trivial relacionada con la política y el derecho internacional. Tampoco se trata de una noción etérea, un sentimiento, un verso poético. El exilio es un conjunto de todo esto.

El poeta palestino Mourid Barghouti ha fallecido a principios de este mes en Ammán a la edad de 76 años. Fue un intelectual cuya obra ha estado intrínsecamente ligada al exilio y se han sacado a la luz numerosas cuestiones existenciales gracias a sus obras: ¿están los palestinos destinados a estar exiliados?, ¿puede haber un remedio para este eterno castigo?, ¿es la justicia un objetivo tangible y alcanzable?

Barghouti nació en 1944 en Deir Ghassana, cerca de Ramala. Su viaje en el exilio comenzó en 1967 y terminó, aunque temporalmente, 30 años después. Sus memorias He visto Ramala (I Saw Ramallah), publicadas en 1997, fueron el intento de un exiliado de dar sentido a su identidad, una que se ha desarrollado dentro de muchos espacios físicos, conflictos y aeropuertos diferentes. Aunque, en cierto modo, el palestino que había en Barghouti ha permanecido intacto, la suya ha sido una identidad única que solo pueden comprender quienes han experimentado, en cierta medida, los acuciantes sentimientos de ghurba (alejamiento y alienación) o shataat (desplazamiento y diáspora).

En sus memorias, traducidas al inglés en el año 2000 por la aclamada autora egipcia Ahdaf Soueif, escribió: «he intentado poner el desplazamiento entre paréntesis, poner un último punto en una larga frase de la tristeza de la historia... Pero no veo nada más que comas. Quiero coser el tiempo. Quiero unir un momento a otro, unir la infancia a la vejez, unir el presente a los ausentes y todos los presentes a todas las ausencias, unir los exiliados a la patria y unir lo que he imaginado a lo que veo ahora».

Aquellos que están familiarizados con la rica y compleja literatura palestina del exilio pueden relacionar la referencia de Barghouti «lo que uno imagina frente a lo que ve» con la escritura de otros intelectuales que también han sufrido el dolor del exilio. Ghassan Kanafani y Majed Abu Sharar, y muchos otros, escribieron sobre el mismo conflicto. Su muerte o, más bien, su asesinato, en el exilio puso fin bruscamente a sus viajes filosóficos. 

En el trascendental poema de Mahmud Darwish, ¿Quién soy yo sin el exilio?, el difunto poeta palestino se preguntaba, sabiendo que nunca podrá haber una respuesta convincente: «¿qué haremos sin el exilio?».

Es como si la ghurba formara parte del carácter colectivo de una nación y fuera ahora un tatuaje permanente en el corazón y el alma del pueblo palestino en todas partes. «Extraño como el río al borde del río... el agua me ata a tu nombre. Nada me retorna de mi lejanía a mi palmera: ni la paz ni la guerra. Nada me incorpora a los Evangelios. Nada...», escribió Darwish.

La imposibilidad de volver a ser un todo en los versos de Darwish y Barghouti eran ecos de la propia descripción de Kanafani de una Palestina tan dolosoramente cercana como lejana.

«¿Qué es una patria?»se pregunta Kanafani en Retorno a Haifa: «¿son estas dos sillas que han permanecido en esta habitación durante veinte años? ¿La mesa? ¿Las plumas de pavo real? ¿La fotografía de Jerusalén que cuelga de la pared? ¿El candado de cobre? ¿El roble? ¿El balcón? ¿Qué es la patria? ¿Es la foto de su hermano colgada en la pared?... Simplemente pregunto».

Pero, no puede haber respuestas porque cuando el exilio sobrepasa un cierto punto racional de espera de algún tipo de justicia que facilite el retorno, ya no puede articularse, transmitirse o incluso comprenderse plenamente. Es el precipicio metafórico entre la vida y la muerte, la «vida» como el deseo ardiente de reunirse con el ser anterior, y la «muerte» como el saber que sin una patria uno es un eterno marginado, física, política, legal, intelectualmente y de cualquier otra forma.

«En mi desesperación recuerdo que hay vida después de la muerte... Pero pregunto: Dios mío, ¿hay vida antes de la muerte?». escribió Barghouti en su poema No tengo ningún problema.

Aunque el peso aplastante del exilio no es exclusivo de los palestinos, el exilio palestino sí lo es. A lo largo de todo el episodio de la ghurba palestina, desde los primeros días de la Nakba (la destrucción de la patria palestina) hasta hoy, el mundo sigue dividido entre la inactividad, el olvido y la negativa a reconocer siquiera la injusticia que ha sufrido el pueblo palestino.

A pesar de su exilio que duró varias décadas, o tal vez a causa de él, Barghouti no se involucró en inútiles discusiones sobre los legítimos propietarios de Palestina «porque no perdimos Palestina por un debate, la perdimos por la fuerza».

En sus memorias escribió: «cuando éramos Palestina, no teníamos miedo de los judíos. No los odiábamos, no nos enemistábamos con ellos. La Europa de la Edad Media los odiaba, pero no nosotros. Fernando e Isabel los odiaban, pero no nosotros. Hitler los odiaba, pero no nosotros. Pero, cuando ocuparon toda nuestra tierra y nos exiliaron de ella, nos situaron a nosotros y a ellos mismos fuera de la ley de la igualdad».

De hecho, el odio rara vez es un factor en la obra de Barghouti, o de Darwish, Kanafani, Abu Sharar y muchos otro, porque el dolor del exilio, tan poderoso, tan omnipresente, requiere que uno revalúe su relación con la patria a través de una compenetración emocional que únicamente puede sostenerse a través de la energía positiva, del amor, de la tristeza más profunda, de la nostalgia.

«Palestina es algo digno de que un hombre tome las armas, que muera por ella», escribió Kanafani. «Para nosotros, para ti y para mí, es solo una búsqueda de algo enterrado bajo el polvo de los recuerdos. Y mira lo que encontramos bajo ese polvo. Todavía más polvo. Nos equivocamos cuando pensamos que la patria era solo el pasado».   

Millones de palestinos siguen viviendo en el exilio, generación tras generación, negociando arduamente sus identidades individuales y colectivas, sin poder regresar, ni sentirse verdaderamente completos. Todos esos millones de palestinos merecen ejercer su derecho al regreso, que sus voces sean escuchadas e incluidas.

Pero, incluso cuando los palestinos puedan poner fin a su exilio físico, hay una gran probabilidad de que sigan ligados a él durante generaciones. «No sé lo que quiero. El exilio es tan fuerte dentro de mí, que tal vez lo lleve a la tierra», escribió Darwish.

También el exilio fue muy fuerte para Barghouti. A pesar de que luchó por acabar con él, se convirtió en él. Se convirtió en nosotros.

Fuente: Mondoweiss (https://mondoweiss.net/2021/02/imagining-palestine-barghouti-darwish-kanafani-and-the-language-of-exile/)

Traducido por: Misión Diplomática de Palestina en España (Helena Alcañiz Sobrino) 

 

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